Sin embargo, la ventaja transcendental de la clonación se producirá ya no para efectuar simples transplantes en el cuerpo de un hombre, con la finalidad de reemplazar sus órganos enfermos, sino la clonación completa del ser humano para lograr eventualmente la inmortalidad del individuo, a saber: ya no se cambiarán las partes del cuerpo más o menos dañado, sino que se deja el cuerpo viejo y se translada uno al cuerpo nuevo, mejorado incluso por la ingeniería genética; por esto es necesario lograr el transplante al cuerpo nuevo de los genes o de los compuestos químico-biológicos donde se guarda la memoria, garantizándose así no solamente la identidad biológica sino también, y este es el reto más importante que existe actualmente, la identidad de la personalidad. En este aspecto se acaba de dar un paso transcendental por Evan Balagan en el Instituto de Neurología de La Jolla en USA, al habérsele transplantando al embrión de un pollo de 2 días el tronco cerebral y la parte media del cerebro de una codorniz: El pollo al nacer no emitía los sonidos típicos de su especie, sino los sonidos de una codorniz, a pesar de criarse con otros pollos: De aquí se deriva el importante hecho de que la memoria genética es más fuerte que el medio ambiente y este hecho debe verse como el punto de partida para la transferencia de la memoria que garantice la identidad de la personalidad.
En efecto, en base a los antecedentes mencionados y debido a que el ser humano querrá un cuerpo a su medida, de acuerdo con su gusto personal y con las modificaciones de determinados genes para evitar las enfermedades de origen genético, tendremos como resultado que los clones futuros eventualmente diferirán notablemente de sus originales biológicos: Lo más importante, pues, no serán las características físicas o biológicas, sino la identidad de la personalidad la cual se irá transladando a cuerpos biológicamente nuevos y mejorados, logrando así la tan buscada inmortalidad que el ser humano siempre anheló con todas sus fuerzas.
Paralelamente, en una etapa que comenzó hace 8,000 años, trata el hombre de dominar a las plantas, generándose desde aquel entonces una cultura agraria que se siguió y se sigue desarrollando hasta hoy en día, en forma simultánea con los desarrollos del mundo físico; y en este camino evolutivo va el ser humano hasta algo más complejo que el mundo de los minerales o el mundo de las plantas y se introduce al mundo biológico mediante los estudios, observaciones y experimentaciones que realiza con los animales e incluso con el hombre mismo, lo que permite el nacimiento de la medicina y de la biología que encontramos ya en culturas antiguas, pero no por ello poco desarrolladas como la Cultura China, la Cultura Egipcia, la Cultura Médica, Cuna de la Medicina Ayurvédica, considerada por muchos, hoy en día, como el sistema médico más completo que existe, la Cultura Asiria para pasar en épocas posteriores a los médicos y biólogos de Grecia o de Roma o a los médicos del antiguo Perú que realizaban trepanaciones craneanas exitosamente. Desarrollo biológico que paralelamente a la cultura física y a la cultura agrícola continúa hasta nuestros días llegando en sus últimos desarrollos a la clonación animal. No es esto, en consecuencia, un resultado fortuito, sino simplemente la consecuencia de un estudio biológico que viene realizando el ser humano desde hace miles de años. El ser humano desde que nació, estuvo buscando la inmortalidad. Hay un rechazo constante a la muerte. Ha sido demostrado científicamente que el mayor
miedo que tiene el ser humano es el miedo frente a la muerte. Precisamente en experimentos realizados hace 40 años se midió la variación de las corrientes galvánicas de la piel lo mismo que del ritmo cardíaco y la cadencia respiratoria frente a conceptos relacionados con diferentes tópicos, demostrándose que las reacciones más profundas de este mundo vegetativo del ser humano y, en consecuencia, menos viables de ser controladas, se producían frente a materias mortuorias. La investigación se hizo presentándose 3 tipos de conceptos: unos de carácter neutral como pudieran ser silla, mesa, pared, etc., otros de carácter afectivo como podrían ser esposo, hijo, madre, etc., y, un tercer grupo de conceptos mortuorios como cadáver, ataúd, sepultura, etc. La prueba dio resultados indudables: la idea de la muerte es la que produce los mayores sobresaltos y angustias en todos los seres humanos: Para poder vivir, el hombre acude al artificio de la represión psicológica. Nadie piensa o quiere pensar en la muerte. No hay, en consecuencia, ninguno entre los lectores cuyo miedo mayor no sea el miedo frente a la muerte y precisamente por esto, la búsqueda de la inmortalidad ha sido una constante en la vida del ser humano, sea desde la época de la alquimia en que se buscaba el elíxir de la eterna juventud o hasta la fecha actual en que el hombre sigue buscando ese elíxir llamado ahora melatonina o antioxidantes, hormona del crecimiento, DHEA, etc.; etc., con la finalidad de prolongar su vida.